Argentina necesita una revolución de Energías Renovables

Todavía tengo grabado en la retina el paisaje majestuoso de centenares de molinos de viento emergentes de los parques eólicos que se multiplican a la vera de las rutas y vías ferroviarias de España. Y de tanto en tanto, el brillo resplandeciente de los miles de paneles solares que pugnan por exprimir los rayos de sol para convertirlos en energía apta para el consumo. Nuestra madre patria se encuentra viviendo su momento de gloria en el desarrollo de energías renovables, para alcanzar el autoabastecimiento energético y cumplir con sus compromisos asumidos en materia de reducción de la emisión de gases de efecto invernadero.

Vivimos en un mundo donde cada vez se necesita más energía para el normal desarrollo de nuestra vida cotidiana. El incremento en el consumo de energía no sólo se produce por el aumento de la población, sino también porque con el avance de la ciencia y la tecnología, y las urbanizaciones con avances cotidianos en materia de confort,  cada persona consume individualmente más energía que antes.  Y este es un proceso que se ha venido dando en forma sostenida y permanente a través del tiempo.

Para darnos una idea, en las sociedades primitivas, cada persona consumía sólo 3 kwh. En los inicios de la etapa industrial ya había ascendido a 60 kwh. Hace 40 años, el consumo mundial promedio per cápita había alcanzado los 1.200 kwh. Actualmente tenemos un consumo promedio mundial per cápita de 3.200 kwh, con extremos de consumo de entre 15.000 kwh y 20.000 kwh en los países escandinavos y en las monarquías petroleras.  Desde los comienzos de la humanidad, el consumo energético per cápita se multiplicó por 1.000. Nada hace pensar que ese proceso no vaya a continuar por la misma senda. Máxime si pensamos que países como Argentina, con un consumo per cápita de 3.000 kwh, va camino a consumir en algunos años los 10.000 kwh que hoy consume Australia. O que países como Nigeria, que hoy consume 160 kwh per cápita tiene muchísimo por crecer con el avance del desarrollo y la industrialización.

Esto nos pone como humanidad frente a desafíos inmensos, porque cada vez tendremos que producir más cantidad de energía para satisfacer las necesidades crecientes de todos los habitantes del planeta. Y el desafío es doble, porque no sólo tenemos que reemplazar los procesos basados en combustibles fósiles no renovables, como el petróleo y el gas porque se agotan, sino porque la producción de energía con esta tecnología tradicional está sobrecalentando el planeta por la emisión de gases de efecto invernadero. Es por eso que el mundo civilizado ha ido avanzando en el desarrollo de tecnologías limpias y renovables. En los comienzos de este proceso surgieron las usinas hidroeléctricas, y hoy las estrellas de este progreso son las energías eólica y solar. Sin embargo, y pese a los avances producidos, sólo el 6 % de la energía producida en todo el mundo está basada en energías renovables, incluyéndose en este porcentaje la generación hidroeléctrica.

Es cierto también que por más renovables que sean los nuevos procesos de generación de energía, ninguno garantiza generar de manera inagotable toda la energía que la humanidad pretenda consumir. Es por eso que quienes estamos comprometidos con generar desde la política condiciones para una vida de mejor calidad para la población, no podemos dejar de advertir que, paralelamente a propiciar el desarrollo de las energías renovables tenemos que plantear la necesidad de poner límites al crecimiento descontrolado del consumo energético. Tenemos la obligación no sólo de crear condiciones para un mejor aprovechamiento de las energías renovables, sino de concientizar a la población sobre la importancia de la mesura y la razonabilidad en el consumo energético. Pero posiblemente este sea tema de otro debate. Lo que pretendo en esta ocasión es hacer hincapié en la necesidad de desarrollar las energías renovables, recuperando tanto tiempo desperdiciado en el pasado reciente de nuestro país.

Argentina prácticamente no hizo nada en materia de desarrollo de energías renovables en los últimos 40 años. En la actualidad solo tenemos 6 parques eólicos (en Chubut, La Rioja y Provincia de Buenos Aires), con una capacidad instalada de 188,35 MW y dos parques solares (en San Juan), con una capacidad instalada de 8,2 MW.  El total de capacidad actualmente instalada de energías renovables no llega a 200 MW, es decir, menos que la vieja Central Termoeléctrica de Pilar, en la Provincia de Córdoba, que alcanza los 216 MW.  Actualmente, nuestro país cuenta con la Ley 27.191, sancionada en Septiembre de 2015, que modificó el Régimen de Fomento Nacional para el Uso de Fuentes Renovables de Energía Destinada a la Producción de Energía Eléctrica, creado en 2006. La ley posee herramientas de promoción que consisten básicamente en incentivos fiscales, que para el año 2017 serán de 12.000 millones de pesos para la creación de nuevos parques eólicos y solares en el territorio nacional. Sin embargo, el impulso que se le está dando al sector de energías renovables a partir de la sanción de la ley, sigue siendo escaso. Con los escasos 200 MW instalados de energías renovables, estamos a un abismo de distancia de los 30.000 MW instalados en España (23.000 MW eólica y 7.000 MW solar). Necesitamos que los incentivos sean mayores y más sostenidos. Necesitamos reglas de juego claras para que quienes desean invertir en infraestructura de energías renovables, sepan cuál es el escenario al que se enfrentan.

El Estado debe impulsar obras hidroeléctricas que están paralizadas desde hace años. Existen en la actualidad 30 proyectos pendientes de realización que implicarían una capacidad adicional de 8.000 MW, que nos permitirían casi duplicar la capacidad de generación hidroeléctrica que tenemos en la actualidad. Son proyectos que no implican emprendimientos binacionales, sino totalmente sobre cursos de agua nacionales. Cuidando de minimizar el impacto sobre la flora, la fauna y las poblaciones, los beneficios que se obtendrían son inmensos.

Estoy convencido que con convicción y decisión política, Argentina puede vivir su revolución de energías limpias y renovables, para alcanzar el autoabastecimiento, corregir las deficiencias energéticas estructurales, incrementar la oferta de energía para que la instalación de nuevas industrias no se tope con el problema de la falta de energía o los cortes sorpresivos. Pretender solucionar todos los problemas energéticos aumentando las tarifas, es una solución facilista y equivocada. Es necesario un impulso decidido que no se quede en el texto frío de una ley, sino en la gestión eficiente de los recursos disponibles, llevada adelante por un Gobierno que se ponga a la cabeza de esta necesaria revolución energética, sin titubeos y sin margen para cometer errores.

Quiero ver la fuerza de los ríos empujando turbinas. Quiero ver cada vez menos chimeneas y más molinos de viento. Quiero ver el sol multiplicado en miles de paneles solares, para llevar energía a cada pueblo de nuestro país. Porque la energía atrae las inversiones. Y las inversiones significan progreso. Y el progreso se traduce en empleo y felicidad para nuestra gente. Una Argentina energéticamente autoabastecida y ambientalmente sustentable es posible. Podemos lograrlo.