Gobierno transparente

Creo profundamente en la democracia como forma de organización social más que como sistema político. Donde los ciudadanos, mediante el diálogo fructífero y comprometido, sean parte del diseño de su destino como sociedad. Donde los políticos somos simplemente una pieza del complejo engranaje social, pero una pieza clave; la que brinda el marco necesario para que las ideas se expresen, las iniciativas se organicen, el trabajo se encauce y los esfuerzos se orienten en la dirección correcta.

Estoy convencido que, así como los padres de la economía nos enseñaron que la transparencia de los mercados garantizan la competencia perfecta y ésta asegura el uso más eficiente de los recursos, asimismo la transparencia en la política, garantiza la confianza necesaria para que los esfuerzos de la sociedad conduzcan al bienestar general y a la justicia social. Y también estoy convencido que somos los políticos quienes tenemos que dar el puntapié inicial para la transparencia.

Sé que un gobierno transparente es el cimiento para una sociedad más satisfecha. Y por eso necesitan ser transparentadas todas sus áreas. No sólo deben transparentarse las cuentas públicas, los recursos utilizados, los procedimientos aplicados, los nombres y datos de los proveedores, los precios, las condiciones y los resultados. Eso va de suyo. También deben transparentarse las variables que representan los objetivos de gestión planteados. Las metas propuestas y en qué medida se cumplieron. Los objetivos y sus concreciones.

La posibilidad de seguimiento minucioso por parte de la ciudadanía de la evolución y ejecución de las cuentas públicas permitirá combatir la corrupción, dar tranquilidad a la sociedad y brindar confianza en quien gobierna, para potenciar el círculo virtuoso que genera una democracia de alta calidad. Pero la posibilidad de seguimiento de variables, metas y objetivos permite a la sociedad evaluar el desempeño, medir capacidades, comparar gestiones y, en definitiva, tomar la mejor decisión a la hora de elegir a sus gobernantes, para que al frente estén siempre los mejores, los más capaces, los que tengan mayor compromiso y eficacia en cumplir el mandato social.

Debemos procurar mecanismos de transparencia que no dependan de la voluntad de quien circunstancialmente gobierna. Sino que permanezcan en el tiempo, más allá de la buena intención de quien asume una responsabilidad de gobierno. Las normas de transparencia tienen que estar escritas claramente, no hay que dejar margen a arbitrariedades o errores. Y dichas normas no pueden ser estáticas, sino que deben mejorar cada día, volverse cada vez más exigentes en busca de una transparencia más perfecta.

Hoy la tecnología nos brinda posibilidades antes inexistentes y debemos aprovecharlas. Los datos abiertos de un gobierno abierto tienen que estar al alcance de todos. Por eso deben ser claros, completos, ciertos y oportunos. No sirve la información confusa. No sirve la información incompleta. No sirve la información falsa. No sirve la información tardía. Un ciudadano debe tener la posibilidad de acceder desde internet, desde un programa de su PC, o desde una aplicación de su celular al seguimiento de las variables gubernamentales en calidad suficiente para que sepa cómo está trabajando quien lo gobierna, y poder interactuar con él. Hacerle llegar sus sugerencias, sus críticas, sus demandas y también su aliento y aprobación.

Lo que pienso respecto de la transparencia lo pienso para el Gobierno Nacional, Provincial y Municipal, para el Poder Legislativo y el Poder Judicial, para los organismos de control, empresas públicas y mixtas, para las asociaciones sindicales, cámaras empresariales y organizaciones no gubernamentales. Y para todos aquellos que de cualquier manera influyen directa o indirectamente sobre la vida de los ciudadanos.

El avance de la tecnología, el modo actual de comunicarnos, las redes sociales y el compromiso creciente de la sociedad en el proceso de transformación de la realidad que lo circunda, me ha hecho convencerme de la necesidad de la transparencia como plataforma indispensable para el progreso de nuestra sociedad. Creo que este aspecto es una de las herramientas que nos va a permitir volver a poner a un país como el nuestro, con una potencialidad envidiable, dentro del lote privilegiado de países de mayor calidad democrática,  desarrollo humano y calidad de vida.