Ponerse la Patria al hombro: todos a trabajar!

Argentina enfrenta múltiples desafíos que apuntan a revertir situaciones de estancamiento y subdesarrollo. Algunas de ellas son consecuencia de no haber dado en la tecla durante décadas. Otras, sencillamente por haber tomado rumbos totalmente contrarios a los que conducían a su solución. Es difícil asegurar cuáles son los desafíos más urgentes. Pero creo no equivocarme si apunto como urgente la solución de la pobreza. Recientemente hemos confirmado que uno de cada tres argentinos es pobre. Y eso resulta algo inadmisible para un país rico en recursos naturales y capital humano como el nuestro.

Para salir de la pobreza no hay una receta única, eso es claro. Como también es claro que los países que han vencido la pobreza estructural lo han hecho a fuerza de décadas de sostenido crecimiento.

Los países a los que mejor les ha ido, son aquellos cuyas economías han crecido sostenidamente y en las cuales los Estados paralelamente han llevado adelante políticas a favor de una mejor distribución de la riqueza, con regímenes impositivos progresivos, transparentes y equitativos, y con políticas activas anticíclicas y prodistributivas.  Y tenemos que ir, indudablemente en esa dirección.

Sin embargo, ese camino que lleva al crecimiento económico con equitativa distribución de la riqueza, no asegura el ataque a la pobreza en el corto plazo.

Es por eso que países como el nuestro, sin dejar de ir en la dirección correcta que hemos señalado, deben intentar políticas que aseguren de manera genuina la solución de la pobreza en lo inmediato. Y la única manera genuina es creando empleo.

La pregunta es cómo hacer para generar empleo, sin recargar la planta de personal estatal ni caer en la tentación facilista de los planes sociales no vinculados al trabajo.

Estoy convencido que una de las formas más eficaces, es la que hemos puesto en práctica con tanto éxito en la Provincia de Córdoba: el Programa Primer Paso, que consiste en brindar a los jóvenes su primera experiencia laboral, en jornadas de cuatro horas y cuyos ingresos y seguros laborales corren totalmente a cargo del Estado.

Si a nivel nacional creamos un millón de puestos de trabajo con esta modalidad en cuatro años –a razón de 250 mil por año- se mitiga el problema de empleo joven y resulta una muy eficiente asignación del presupuesto público.

Otra forma igualmente eficaz, es la que también pusimos en marcha en Córdoba para los mayores de 45 años que perdieron su empleo. Mediante este plan que denominamos Volver al Trabajo el Estado paga el 50% de los aportes provisionales, obra social y aportes sindicales obligatorios de esas personas hasta que alcancen la edad jubilatoria.‎ Y estos trabajadores que vuelven al trabajo, se convierten en los instructores y capacitadores naturales de los jóvenes del Programa Primer Paso.

Todo esto debería complementarse, reconvirtiendo de inmediato todos los planes sociales en cursos de capacitación con salida laboral para hombres y mujeres. De modo que ese alivio transitorio que significa un plan social, se transforme en una herramienta de capacitación que sirva para el enriquecimiento de la fuerza laboral del país. Y para que esta medida sea realmente eficaz, hay que modificar la normativa vigente, de modo que el beneficiario de cualquier plan social, que consigue un trabajo en blanco, pueda seguir cobrando durante dos años ambas retribuciones a la vez.

De esta forma, aquellos beneficiarios de planes sociales (reconvertidos en cursos de capacitación) a los que les surja la posibilidad de un trabajo, no necesitan enfrentarse a la encrucijada de tener que desechar una de las dos oportunidades que tiene entre sus manos.

Es necesario llevar estas propuestas a la práctica en el orden nacional de forma inmediata. Sin embargo, no son herramientas suficientes.

Creo que hay que poner en marcha con urgencia un plan integral relacionado con la Obra Pública bien orientada a dar un combate a la pobreza.

Este plan tiene dos componentes. Uno, consistente en un nuevo impulso para la construcción, ampliación y refacción de hospitales y escuelas en todo el país.

Y otro, que consiste en la reparación rutinaria de rutas, caminos y calles no asfaltados.

Este plan, en su componente de Construcción, Ampliación y Refacción de Hospitales y Escuelas, se basa en un renovado impulso en la construcción de Hospitales y Escuelas. De esta manera, se atiende el déficit hospitalario y escolar actualmente existente en el país. El eje central consiste en  exigir -por pliego- a las empresas contratistas que contraten al menos el 50 por ciento de oficiales y el 80 por ciento de medios oficiales y ayudantes a personas con domicilio en las localidades donde se construyen, amplían y refaccionan hospitales y escuelas.

Este plan, no sólo mejorará la calidad edilicia en ámbitos tan imprescindibles como la salud y la educación, sino que creará oportunidades laborales genuinas e inmediatas en cada localidad donde el Estado decida intervenir.

Este plan en su componente de Reparación Rutinaria de Rutas, Caminos y Calles no asfaltados, no sólo ataca en lo inmediato el problema de la pobreza, vía creación de empleo en el mantenimiento de caminos, sino que también ataca en lo inmediato otro problema que -si bien es infinitamente menos urgente que la pobreza- también es necesario resolver. Está probado que los caminos a los que se les brinda un mantenimiento permanente, prolongan su vida útil y conservan en forma constante un nivel de transitabilidad entre MUY BUENO y BUENO.

No tengo dudas que en Argentina se debe dar un paso como este. Y se debería llevar adelante con un esquema muy simple: la mano de obra la proveen las comunidades rurales cercanas a las redes secundarias y terciarias no asfaltadas y las comunidades urbanas aledañas a calles sin pavimentar. Las herramientas de mano las provee el Estado, mediante un financiamiento a largo plazo (48 meses, con 12 meses de gracia) y a tasa subsidiada. Se organizan institucionalmente en microempresas o en cooperativas de trabajo. Y el pago de la mano de obra, con sus correspondientes aportes y seguros, lo realiza cien por ciento el Estado.

Dejemos que las grandes empresas viales se ocupen de la construcción de caminos nuevos y mantenimiento de rutas asfaltadas.

Pero el mantenimiento rutinario y permanente de las redes de caminos y calles de tierra o ripio, las debemos hacer con este sistema de mano de obra intensiva.

Con un esquema como éste se logra: a) Generar empleo permanente e ingresos en las comunidades rurales y urbanas más pobres, especialmente incluidas las mujeres, mediante la conformación de microempresas y cooperativas de mantenimiento rutinario de caminos; b) Asegurar, a través de la labor del mantenimiento rutinario de los caminos, un sistema de caminos más seguro, confiable y transitable todo el año; aplicando eficaz y eficientemente los recursos asignados para la conservación vial.

Pero también se logra: a) que los caminos estén permanentemente en buen estado, promoviendo el acceso de las poblaciones a los mercados, los recursos, los servicios sociales y la educación; b) promover el desarrollo humano, la descentralización, y la integración social y económica de los sectores más pobres de la población rural; c) fortalecer el mercado interno, propiciando la reactivación económica de zonas agroecológicas con potencialidad productiva; d) expandir la oportunidad de acceso a empleos de buena calidad, mediante la promoción de microempresas y cooperativas de mantenimiento rutinario de los caminos; y e) propiciar mayores niveles de participación y control social mediante el desarrollo de procesos participativos de alcance local.

Estoy convencido de que tenemos que ponernos manos a la obra, encarar un programa de mantenimiento rutinario de caminos no asfaltados con mano de obra intensiva, y asignar rápidamente las partidas presupuestarias necesarias para que sean transferidos recursos a las provincias, para que éstas coordinen con los gobiernos locales la mejor manera de que la experiencia sea exitosa. En un mes de plazo se pueden coordinar los marcos legales y contractuales necesarios; por lo que en 60 días, los trabajadores que se encuentren incluidos en este programa, ya pueden empezar a disponer de sus ingresos que lleven tranquilidad a sus familias y el pan a sus mesas.

Este plan no es una utopía. Es posible realizarlo. De manera concreta, palpable. Es una manera de hacerle caso al Papa Francisco que nos insta “PONERSE LA PATRIA AL HOMBRO”, para dar de manera inteligente una batalla contra la pobreza.